
Santander, 27 de julio de 2026.- Esta semana la universidad es escenario del seminario ‘Sexo género y poder: Tendencias, identidades y patrones erótico-sexuales y vitales en las sociedades del siglo XXI’ que aborda los fundamentos históricos de la sexualidad, las relaciones entre sexo y poder, la evolución de los modelos de amor y de vínculo afectivo, así como las nuevas formas de socialización sexual en contextos digitales.
Organizado en colaboración con el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), su presidente, José Félix Tezanos, ha sido el encargado de inaugurarlo con una charla en la que ha hablado de la evolución de las sociedades humanas desde sus orígenes recolectores hasta sus estructuras patriarcales contemporáneas. Históricamente, la figura femenina siempre ha tenido un rol crucial en las sociedades pre-patriarcales. Las mujeres siempre han sido objeto de culto y representación de la fertilidad. Además, en estas sociedades la mujer tomaba un papel activo complementario al de los hombres. “El matriarcado no es un invento del siglo XIX. Hay evidencia de sobra de que antes había matriarcados. En las sociedades horticultoras las mujeres tenían más patrimonio que los hombres, dominaban la fertilidad y conocían técnicas curativas” ha declarado. Asimismo, ha referenciado la representación de la mujer en el arte de la antigüedad, mencionando obras tan populares como la Venus de Willendorf o la Dama de Elche.
A continuación, ha puesto el foco en los orígenes del patriarcado, que se remontan al inicio de la historia. “Al leer Aristóteles y Platón solemos pasar por alto que ellos cimentaron la idea de que la mujer está naturalmente subordinada al hombre” ha recordado. De nuevo echando la vista al arte, ha ejemplificado esto con los símbolos de fertilidad. Fueron los romanos quienes comenzaron a introducir las figuras fálicas como amuletos para la fecundidad. Estas ideas solamente se reforzaron con la llegada del cristianismo: “Dios creó al hombre y de él creó a la mujer como elemento de ayuda. Luego, tras tomar el fruto prohibido, la mujer se lleva el mayor castigo de los dos”.
Ha finalizado la ponencia haciendo un contraste entre la cara y la cruz en la historia, siendo la cara las sociedades matriarcales y la cruz las sociedades patriarcales. Por un lado, en la cara, las mujeres representaban una figura de poder y respeto. Eran quienes tenían un mayor patrimonio económico y quienes guiaban a las sociedades espiritual y socialmente sin ejercer ninguna violencia contra el hombre. Por otro lado, en la cruz, las mujeres no tienen ningún patrimonio económico y se ciñen a ser dominadas y elegidas por la figura del hombre. Tienen un papel subordinado y rígido que las reduce a un solo patrón social y sexual.



